Dos lanzamientos de Watches & Wonders 2026 que definen la filosofía de Chopard: refinamiento sobre revolución, Lucent Steel con Poinçon de Genève y la esfera de guilloché a mano como declaración de valores.
En 1996, Karl-Friedrich Scheufele tomó una decisión que muchos en el sector juzgaron prematura: abrir una manufactura en Fleurier para producir calibres propios en plena resaca de la crisis del cuarzo. Tres décadas después, en Watches & Wonders 2026, Chopard celebra ese aniversario con dos lanzamientos que resumen perfectamente lo que significa construir una manufactura de lujo con paciencia: no reinventar lo que funciona, sino perfeccionarlo hasta que sea irreprochable.
El primero de los dos protagonistas es el Alpine Eagle 41 XPS «Mountain Glow», referencia 298623-3003. El nombre es descriptivo: la esfera de tonalidad champán cálido —bautizada Mountain Glow— evoca la luz específica de los Alpes suizos en las últimas horas de la tarde, cuando la nieve adquiere reflejos dorados. La caja de 41 mm en Lucent Steel —la aleación propietaria de Chopard producida con un 80% de material reciclado mediante un proceso de refundición avanzado que le da un brillo comparable al oro y una resistencia a la abrasión superior al acero convencional— mide apenas 8 mm de grosor, una cifra excepcional para un reloj automático con este nivel de acabado. El brazalete ha sido completamente rediseñado para mejorar la ergonomía y el confort en muñeca, convirtiendo lo que ya era muy bueno en el estándar de referencia de su categoría.
El segundo lanzamiento es el L.U.C 1860, una reinterpretación del primer reloj nacido de la manufactura de Fleurier en 1997. La caja mide 36,5 mm, idéntica a la del original, en Lucent Steel, con una esfera de guilloché a mano en motivo radiante terminada en azul «Azul Areuse», el tono del río que pasa junto a la manufactura en Fleurier. En su interior, el calibre extraplano L.U.C 96.40-L de apenas 3,30 mm de grosor incorpora un microrrotor de oro de 22 quilates que alimenta dos barriletes superpuestos mediante la tecnología Twin de Chopard, garantizando una reserva de marcha de 65 horas con regulador de cuello de cisne y curva terminal Phillips en el muelle espiral. Cada componente visible del movimiento está pulido, biselado o chaflanado a mano, con Côtes de Ginebra en los puentes y graneado circular en la platina, todo conforme al estándar del Poinçon de Genève —la certificación más exigente de la alta relojería suiza— combinado con la certificación de cronómetro COSC.
A 36,5 mm en 2026, el L.U.C 1860 tiene una lectura política dentro del sector: en un año en que la mayoría de las manufacturas siguen ampliando diámetros, Chopard reivindica la muñeca clásica como espacio de máxima sofisticación. La tendencia del sector hacia diámetros más contenidos —que los analistas de Watches & Wonders 2026 ya documentan con claridad— encuentra en este lanzamiento su argumento más elegante.
Un tercer lanzamiento de la familia Alpine Eagle completa la presentación de Chopard: el Alpine Eagle 41 AM, donde AM designa «antimagnetismo». Se trata del primer Alpine Eagle equipado con un muelle espiral antimagnético —de material metálico no divulgado, no silicio— que protege el movimiento de los campos magnéticos generados por la electrónica cotidiana. Karl-Friedrich Scheufele confirmó a Monochrome Watches que esta espiral se irá incorporando progresivamente al resto de la línea Alpine Eagle y, eventualmente, a la gama alta L.U.C. El reloj está disponible en 41 mm de Lucent Steel con esfera verde musgo en el estilo más limpio de la gama, a un precio de 17.100 dólares. El XPS Mountain Glow tiene un precio de 31.000 dólares, mientras que la versión en oro rosa se sitúa en 90.300 dólares.