El modelo nacido en 1976 para conmemorar el título mundial de Ferrari regresa en una edición con el calibre TH20-12, 80 horas de reserva de marcha y un mantra claro: seguir siendo una serie limitada, nunca una colección permanente.
Pocas marcas están tan ligadas al automovilismo como TAG Heuer. Desde sus primeros días, cuando todavía se llamaba solo Heuer, su relación con las carreras se apoyó en cronómetros mecánicos de gran calidad: patentó su primer cronógrafo en 1882, registró en 1887 el piñón oscilante que aún se utiliza en el ubicuo Valjoux 7750, presentó en 1916 el Mikrograph, el primer cronómetro capaz de medir centésimas de segundo, y en 1969 estrenó el calibre 11, el cronógrafo automático que debutó en el Monaco y que más tarde impulsaría también al Monza.
El Monza, que cumple 50 años en 2026, se presentó en 1976 para celebrar el campeonato de Fórmula 1 de Ferrari con los pilotos Niki Lauda y Clay Regazzoni. Su caja original tenía forma de tonel, muy setentera, con una disposición poco convencional de corona y pulsadores. La caja de perfil acojinado actual llegó con su regreso en el año 2000, y en 2016, con motivo del 40.º aniversario, la marca lo recuperó con una caja completamente negra y una paleta muy cercana a la del original, línea que continuó en 2023 con el Monza Flyback Chronometer.
El nuevo Monza Flyback Chronograph Carbon combina todas esas claves. La caja, de 42 mm de diámetro y 15,22 mm de grosor, se fabrica en carbono forjado mate, al igual que el bisel fijo y la corona; el fondo es de titanio negro con recubrimiento DLC y los pulsadores, de acero también con DLC. Tiene cristal de zafiro por ambas caras y una hermeticidad de 100 metros. En la esfera negra mate se mantiene el contador de 30 minutos a las 3 horas, pero el segundero pequeño y la fecha intercambian prácticamente sus posiciones respecto al original, que llevaba el contador de minutos a las 3, la fecha a las 6 y el segundero a las 10. Un aro inclinado alberga las escalas taquimétrica y pulsométrica, y las agujas y los índices combinan blanco y rojo, con una inversión de colores en el contador de 30 minutos que enlaza con la aguja roja del cronógrafo.
El movimiento es el TH20-12, un cronógrafo flyback automático de manufactura con rueda de columnas y embrague vertical, certificado como cronómetro por el COSC, que oscila a 28.800 alternancias por hora y almacena unas 80 horas de reserva de marcha, una cifra poco habitual en un cronógrafo. El rotor ennegrecido y esqueletado lleva grabados los datos del calibre rellenos de tinta roja, y la rueda de columnas también se termina en rojo. Se entrega con correa de piel de becerro negra perforada con costuras rojas y cierre desplegable de titanio con DLC. La edición está limitada a 500 unidades, y la marca mantiene al Monza como serie de ediciones limitadas en lugar de colección permanente, una estrategia que, según los analistas del sector, le permite conservar su legado sin diluirlo y mantener a los coleccionistas pendientes de la siguiente entrega.