El Calibre 135, ganador del Premio de Cronometría del GPHG 2025 tras su relanzamiento en la colección G.F.J., estrena ahora su primera colaboración externa con una de las firmas independientes más admiradas de Tokio.
Durante buena parte del último cuarto de siglo, la identidad de Zenith se ha construido en torno al El Primero, el cronógrafo automático integrado de alta frecuencia que debutó en 1969. Pero con motivo de su 160.º aniversario, la manufactura decidió mirar todavía más atrás en su propia historia y revivir el Calibre 135, un legendario movimiento de competición desarrollado a finales de los años cuarenta y fabricado entre 1949 y 1962. En su versión de competición, conocida como Calibre 135-O —la "O" de Observatorio, en referencia a las instituciones científicas que organizaban los concursos de cronometría de la época—, el movimiento llegó a acumular 235 premios, cerca del 10% de los 2.333 galardones de cronometría que Zenith ha recibido a lo largo de toda su historia, lo que lo convierte en el calibre más premiado jamás fabricado por la manufactura.
El Calibre 135 revivido debutó dentro de una nueva colección bautizada G.F.J., en homenaje al fundador de la manufactura, Georges Favre-Jacot, y su reingeniería no se limitó a una simple copia histórica: según ha explicado Romain Marietta, director de producto de Zenith, el objetivo fue mantenerse fiel al espíritu y al carácter del calibre original mientras se le dotaba de las prestaciones que exige un reloj contemporáneo. El resultado obtuvo un reconocimiento inmediato del sector: el primer G.F.J. Calibre 135 se alzó con el Premio de Cronometría del GPHG 2025, celebrado el 13 de noviembre en el Bâtiment des Forces Motrices de Ginebra, con motivo del 25.º aniversario del propio certamen.
El éxito del relanzamiento ha llevado a Zenith a abrir por primera vez la colección G.F.J. a una colaboración externa, y la elección ha sorprendido gratamente a los especialistas del sector: Naoya Hida & Co., una firma independiente japonesa fundada en Tokio en 2018 que en apenas unos años se ha ganado una devota base de coleccionistas gracias a su ejecución meticulosa, su estética contenida y su marcada afinidad por la relojería de mediados del siglo XX. La relación entre ambas manufacturas nació, según ha trascendido, durante una visita de Romain Marietta al taller tokiota de Naoya Hida, un encuentro que terminó materializándose en un G.F.J. Calibre 135 firmado conjuntamente por las dos casas.
Marietta defiende que, pese a su apariencia sencilla, un reloj de tres agujas es en realidad la forma más exigente de mostrar el tiempo: sin la posibilidad de ocupar espacio visual con complicaciones adicionales, cada proporción, cada detalle y cada equilibrio de la esfera deben ser absolutamente perfectos, algo que —según sostiene— resulta considerablemente más difícil de lograr que diseñar un cronógrafo o un calendario perpetuo. La colaboración con Naoya Hida, sumada a las versiones de esferas de piedras naturales lanzadas a lo largo de 2026, confirma que el Calibre 135 ha abierto para Zenith un nuevo capítulo, más exclusivo y artesanal, dentro de la corriente actual de purismo procronométrico que atraviesa buena parte de la Alta Relojería.