Niels Eggerding detalla el crecimiento de la manufactura ginebrina en mercados como México y Estados Unidos, y reflexiona sobre cómo la Generación Z está cambiando la manera de entender y comprar relojería mecánica.
Mientras buena parte de la industria relojera suiza apuesta por escalar precios y acercarse cada vez más al terreno del lujo inaccesible, Frederique Constant mantiene una estrategia deliberadamente distinta: ofrecer relojería suiza de manufactura con precios que la propia firma describe como honestos. Su consejero delegado, Niels Eggerding, al frente de la compañía desde 2018, ha explicado en una entrevista reciente que la pregunta que más recibe de colegas del sector es cómo logra sostener esos precios mientras el resto de las marcas los suben de forma sistemática. Propiedad del grupo japonés Citizen desde 2016 —que también controla Bulova, Alpina y Ateliers deMonaco—, la manufactura ginebrina sitúa la mayor parte de su catálogo entre los 1.000 y los 3.000 francos suizos, priorizando el volumen y la relación calidad-precio frente a la expansión de márgenes, en un contexto en el que las exportaciones relojeras suizas cayeron un 4,8% en volumen durante 2025.
Eggerding ha señalado a México como uno de los mercados que la firma considera clave para su crecimiento, junto a Estados Unidos, en un momento en el que la manufactura refuerza su presencia internacional apoyada en más de treinta calibres de fabricación propia desarrollados y ensamblados en su sede de Ginebra desde 2004. Esta capacidad de manufactura interna, poco habitual entre marcas posicionadas en el segmento de precios accesibles, es precisamente uno de los argumentos que Eggerding esgrime para justificar cómo la compañía puede ofrecer complicaciones mecánicas —incluido un calendario perpetuo por menos de 10.000 francos suizos— sin renunciar a la sostenibilidad de su modelo de negocio.
En la conversación, Eggerding también ha abordado el impacto de la Generación Z sobre la forma de entender y comprar relojería de lujo, un público que, según el ejecutivo, se acerca al reloj mecánico con criterios de compra distintos a los de generaciones anteriores, más atentos a la historia y la autenticidad de una pieza que a la mera ostentación de una marca. El directivo ha relacionado este cambio generacional con el auge paralelo de las micromarcas independientes, un fenómeno que, lejos de representar una amenaza directa para firmas establecidas como Frederique Constant, refleja según Eggerding un interés creciente por la relojería mecánica en su conjunto, del que manufacturas de precio accesible como la suya pueden beneficiarse tanto como las grandes casas de la alta relojería.