El verde —en todas sus tonalidades, del oliva al esmeralda— se consolida como el color dominante en lanzamientos de prestigio y demuestra que la tendencia cromática de la década sigue vigente
Las tendencias en la alta relojería tienen la característica de no agotarse con rapidez. Cuando una referencia cromática conecta con el imaginario colectivo de los coleccionistas, puede sostenerse durante años antes de ceder a la siguiente. El verde es la prueba más elocuente de este fenómeno. Desde que Rolex lanzó el Submariner de esfera verde en 2003 —la referencia 16610LV, apodada «Kermit»— y años después el Submariner Date con bisel y esfera verdes en 2020, el color ha colonizado la alta relojería con una persistencia que en 2026 no muestra señales de agotamiento.
Watches & Wonders 2026 confirmó la vitalidad de la tendencia. Patek Philippe lanzó nuevas versiones del Golden Ellipse con esfera verde oliva en tamaños Jumbo y mediano. La nueva versión de la alarma presentó una esfera lacada verde con borde degradado negro. Otras manufaktures del sector —Cartier, IWC, Tudor— también apostaron por variantes verdes en sus novedades principales. El mensaje es claro: el verde no es una moda pasajera, es ya un color estructural del vocabulario estético de la alta relojería.
La respuesta más superficial es que el verde contrasta bien con el oro y el acero, los materiales dominantes de la relojería de lujo. Pero hay algo más profundo. El verde —en todas sus tonalidades, del verde botella oscuro al verde oliva mate, del esmeralda brillante al Tiffany Blue que el sector atribuye a Patek— connota simultáneamente naturaleza, exclusividad, sofisticación y rebeldía discreta. No es el azul clásico de la tradición náutica ni el negro de la sobriedad formal: el verde tiene personalidad.
Los coleccionistas de alta relojería, especialmente los pertenecientes a las generaciones más jóvenes que han entrado al segmento en los últimos diez años, valoran la diferenciación visual. Un reloj de esfera verde identifica a su portador como alguien que conoce el mercado y hace elecciones informadas, no simplemente quien compra la referencia «estándar». En el lenguaje no verbal de la alta relojería, eso tiene un valor considerable.
No todos los verdes son iguales ni tienen el mismo impacto en el mercado. Las tendencias de 2026 muestran una preferencia por las tonalidades más oscuras y sobrias: verde bosque, verde botella, verde oliva. Los verdes eléctricos o muy saturados, que dominaron durante unos años, han cedido ante una paleta más contenida y versátil que funciona tanto en el ámbito informal como en el profesional.
Entre las referencias más comentadas, el Golden Ellipse de Patek con esfera verde oliva y el Submariner «Hulk» en versiones más recientes de Rolex marcaron el tono. Para coleccionistas que buscan piezas con potencial de revalorización, las esferas verdes en referencias con tirada limitada —especialmente de Patek y Audemars Piguet— han demostrado históricamente una prima de mercado superior a las variantes estándar de las mismas referencias.
La pregunta que todo analista de mercado y coleccionista serio se hace. La respuesta honesta es que nadie puede predecirlo con precisión. Lo que sí puede decirse es que la tendencia tiene fundamentos más sólidos que una moda estacional: está anclada en referencias históricas icónicas, en la psicología del coleccionista y en la geometría cromática del metal y la piedra. Cuando el verde ceda, cederá gradualmente, no de golpe. Y el próximo color dominante —sea el burdeos, el azul índigo o el chocolate que algunos ya apuntan como candidato— tardará años en consolidarse con la misma solidez.