El regreso de 'El diablo se viste de Prada' a las pantallas ha reactivado el interés por lo vintage justo cuando el 'pre-owned' deja de ser un nicho residual para convertirse en una de las principales vías de crecimiento del lujo.
El regreso de "El diablo se viste de Prada" a la conversación cultural ha reavivado algo más que la nostalgia por Miranda Priestly y los pasillos de la revista Runway: coincide con un momento en el que el lujo, y muy especialmente la relojería, vuelve a mirar de forma sistemática hacia lo vintage. Casi dos décadas después del estreno de la primera película, el contexto ha cambiado de forma notable: la novedad sigue siendo relevante, pero convive cada vez más con el interés por diseños icónicos, referencias descatalogadas y piezas con una historia previa que contar. En este escenario, el mercado pre-owned ha dejado de ocupar un lugar secundario para consolidarse como una de las vías de crecimiento más interesantes del sector: diversos informes sectoriales apuntan a que el mercado mundial de reventa de artículos de lujo podría alcanzar los 310.000 millones de euros en 2030.
El auge del pre-owned coincide con el creciente peso de los consumidores más jóvenes dentro del mercado del lujo. Según datos de McKinsey, el gasto de la Generación Z está creciendo al doble de ritmo que el de generaciones anteriores, y se espera que supere al de los baby boomers ya en 2029, en parte gracias a una transferencia de riqueza generacional hacia jóvenes millennials y miembros de la Generación Z. Sin embargo, captar a este nuevo consumidor no resulta sencillo: para los compradores menores de 35 años, el carácter diferencial y la singularidad de una pieza pesan como motivación de compra en el mercado de segunda mano mucho más que entre los compradores de mayor edad, algo que ya empiezan a entender bien las manufacturas relojeras y las plataformas especializadas en reventa certificada.
El crecimiento del mercado pre-owned ha venido acompañado de controles cada vez más estrictos en torno a la autenticidad, la procedencia y el estado de conservación de las piezas, factores que han contribuido a generar una confianza creciente entre los compradores de relojes de segunda mano. Poseer una pieza con trayectoria propia se ha convertido, para buena parte de este nuevo consumidor, en una forma de construir estilo personal distinta a la simple adquisición de una marca: no se trata solo de acceder a un logotipo, sino de encontrar diseños con identidad propia o referencias que ya no están disponibles en el catálogo actual, un comportamiento que se extiende con fuerza tanto a la alta relojería como a la alta joyería.