La Geneva Watch Auction XXIII, organizada por Phillips en asociación con Bacs & Russo, se convirtió en la subasta de relojes más alta de la historia gracias al Ref. 2523 'South America', solo el segundo Patek Philippe vintage en superar los diez millones
El protagonista indiscutible de la Geneva Watch Auction XXIII fue el Patek Philippe Ref. 2523 "South America", un reloj mundial de dos coronas en oro amarillo de 18 quilates con una esfera de esmalte cloisonné policromo que representa un mapa de Sudamérica. Fabricado en 1953, es uno de solo dos ejemplares conocidos en oro amarillo con este motivo cartográfico y el único que había aparecido antes en una subasta pública, allá por 1988 en Nueva York. Presentado como Lote 27 con una estimación superior a los 5 millones de francos suizos, el reloj desató una prolongada puja telefónica y presencial que terminó adjudicándose por 7.961.000 francos suizos, unos 10,2 millones de dólares, a un postor presente en la sala.
Celebrada los días 9 y 10 de mayo en el Hotel President Wilson de Ginebra, la Geneva Watch Auction XXIII —la undécima edición de la alianza entre Phillips y los consultores Aurel Bacs y Livia Russo— recaudó en total más de 96,3 millones de dólares, superando los récords que la propia Phillips había establecido en 2021 y 2023 y convirtiéndose en la subasta de relojería más alta jamás celebrada. El resultado sitúa al Ref. 2523 "South America" como el segundo reloj de pulsera vintage de Patek Philippe en cruzar la barrera de los 10 millones de dólares, después de que un Ref. 1518 en acero inoxidable se vendiera por 17,6 millones de dólares meses antes, en noviembre.
Tras la venta, Phillips señaló que el resultado confirma la fortaleza y la resiliencia de la franja más alta del mercado internacional de relojería pese al contexto geopolítico global. Desde 2022, los precios de los modelos deportivos más codiciados de Rolex, Audemars Piguet o Patek Philippe habían venido descendiendo de forma gradual en el mercado secundario tras la euforia de los años de la pandemia; la subasta de mayo de 2026 demuestra que el dinero serio de los grandes coleccionistas no ha desaparecido, sino que se concentra cada vez más en las piezas verdaderamente excepcionales, aquellas con rareza documentada, procedencia impecable y una historia que contar.